ROTO

El corazón teñido de negro,
sangrando lágrimas,
partido,
atravesado por la espada del desamor,
no deja de latir.

Quisiera hoy perderme,
con su último pálpito,
y olvidarme así del dolor
que me trae su ausencia.

Pero el cuerpo es más fuerte que el alma,
y me tendrá aquí,
prisionero,
roto,
esperando, estúpido de mí,
su imposible regreso.

Edgar Sánchez

SOY

Soy ese que persigue lo inalcanzable.
Despeinado capullo que nunca sera rosa,
no llegaré siquiera a espina,
soy el que camina, sin rumbo,
alicaido,
por el sendero raido
que me trae siempre
al mismo puto punto de partida.
Soy el que busca una forma aun no formada,
soy el amante en silencio de las nunca amadas,
soy la gota, líquido somático,
agua y sal vivas,
rastro en tu rostro,
soy el aire sin viento,
soy el viento sintiendo,
golpeando las sienes contra sus muros,
sudando lágrimas por mis poros dolientes,
taquicárdico pecho,
ansiedad cuerva presa de su negra cueva,
clavado a aquella cruz de fuego,
con los ojos inyectados en sangre,
y mi dolor lamiendo la herida,
tirito, tiemblo de hambre,
de hambre de vida.

Edgar Sánchez

¿POR FIN?

Un último átomo de mi cuerpo
grita enfermo de aterrador sufrimiento,
intento como sea reanimar
mi dolor hecho carne
que yace sobre el no suelo,
en esta habitación
cubo del no tiempo,
con la caricia de la madrugada
atravesando mis palmas.

Me abruma el marrón de otoño
hecho angustia,
y en esta fría tumba de frío que tumba,
expiro una rezagada solitaria
lágrima,
hueca de vida.

Yace la descorazonada fiera,
la indomable sed de venganza
se apaga.

Siento como algún dios hilarante
maneja los hilos de este vil habitante,
y empiezo a envidiar
al más pútrido insecto kafkiano.

Me ha nombrado esta hora
caballero infeliz
del surrealismo hiriente,
es la hora de la ira color sombra,
muerte.

Mientras el sonar pávido
de un murmullo mudo
pendulea
sobre mi pecho desnudo,
me despierto,
¡Mierda!
sólo era un sueño.

Edgar Sánchez

ESPEJO

Desafiante torturador de mi alma,
permaneces en calma
mientras yo desespero.
Y ries tiránico de la angustia
del infecto habitante
del otro lado.

Entre tus axfisiantes lindes
reposa en grito,
la vil imagen del hombre
desmerecedor del rostro maldito
falso culpable
que anhela el resquebrajo
de ese mordaz asesino
que es el reflejo inapelable,
destructor de mi pasado,
borrador de mi destino.

Edgar Sánchez

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