TENÍAN RAZÓN
Tenían
razón.
Se ha acercado,
me ha rozado con un ala,
y he llorado,
he llorado de frío,
de hambre,
de felicidad,
de angustia,
de alegría y de miedo.
Tenían
razón,
desde aquí no se ven
las cicatrices,
ni la escarcha,
ni las balas,
y el cristal no corta,
sólo lo envuelve todo
de transparencia.
Tenían
razón,
los sueños, tenían razón.
Edgar
Sánchez
SIN
Ahora creo escucharlo
mejor,
sumido en el desierto
de esta noche templada.
-que extraño ruido-
El rumor del
dolor.
El rumor del amor.
El rumor del albor
de este confuso día.
Un sonido extraño
que
atrae como imán a mi ánima
ha caido aquí,
donde se pierden las sombras.
Edgar
Sánchez
TRIBUTO
De entre las
mil sirenas soñadas
nunca soñé una tan bella
que en ridículo deja a la estrella
y hace llorar a la alborada.
Y tu diurna imagen
es tal consuelo
que ya no respiro aire, respiro amor
que si de tus miradas tuviera yo el candor,
dejara de ser mortal para morar el cielo.
Edgar
Sánchez
CONFIDENCIA
¿Es que
estoy yo sólo?
o también estas tú.
Si, tú, el que está leyendo.
¿También tú te deslizas
por el filo de la vida?,
yo llevo ya años
cansado de estar cansado,
y tengo pies en las llagas,
escarnio de tiempo que no cicatriza.
Me ruge el esfuerzo
por vivir
como un puma herido,
y se me ensobrecen ya las ganas
de tener ganas
de formar parte de esta orgía
de dolor continuo.
Aún así
sigo siempre mi camino,
buscando memorias
a lo largo de este árido laberinto
jalonado de calaveras y de espejos.
Y cuando en este oscuro trance
creo, algunas veces
ver la luz,
siempre resulta ser
el implacable y solitario reflejo
de un sol injusto
en la guadaña de la anhelada muerte.
Mas tú,
lector,
quizás encuentres la salida,
¡Suerte!
Edgar
Sánchez
NADA TUYO
Yo no se nada,
no se que se,
soy totalmente lego,
y ciego al inmensurable mundo
de la palidez de tus caderas,
y del incendio de tu torso
al rozarse con otro,
otro que disfrutará
de la esencia de tu pecho,
y de la sabrosa insipidez
de tus encarnados labios,
y del estudiado candor
del final de tu espalda,
y de la serena fragilidad
de tu púbico vello.
Soy ignorante
al gemir de tus medias,
y a tu mirar con deseo,
y a tu sonrisa en un día claro,
y al embriagador perfume de tu pelo.
Yo no se nada,
nada de tí,
pero tú de mí menos.
Edgar Sánchez