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Extraído
de EL PAÍS de Madrid
JAVIER VALENZUELA, Nueva York
Una familia de hispanos pasea por una calle de Los Ángeles. Uno parquea el carro en las proximidades de Mony Travel, el local del número 3825 de la neoyorquina calle de Broadway; apaga el radiocasete, donde sonaba música de Selena; pone unos cuartos en la maquinita municipal, no vaya a ser que la policía ronde por la zona y le ponga un ticket, y se encamina hacia el local, que anuncia a los transeúntes: «Prepare su income tax aquí».
La carpeta de Mony Travel está tan desgastada y sucia como casi todo
en este rincón septentrional de Manhattan, habitado por dominicanos
y puertorriqueños; pero, como también casi todo, el local bulle
de vida: gente telefoneando a países latinoamericanos, buscando billetes
de avión baratos, indagando por un abogado que pueda arrancarles una
sustanciosa liability por un accidente de tráfico, recabando información
sobre cómo conseguir la carta verde y evitar la deportación,
preparando sus income tax... Entre la algarabía de voces, uno retiene
la de una joven mulata que termina así su conversación telefónica:
«Te llamo para atrás, ¿okey?».
En este barrio de Washington Heights, en todos los de Nueva York con presencia
hispana, se ha impuesto el spanglish, un castellano salpicado de palabras
inglesas - ticket (multa), income tax (impuesto sobre la renta), okey (de
acuerdo), liability (responsabilidad civil), nice (simpático)...- y
traducciones literales de palabras y frases inglesas - chores (shorts, pantalones
cortos), marqueta (market, mercado) , taipear (to type, escribir a máquina)
, parquear el carro (parking the car, aparcar el coche) , vacunar la carpeta
(vacuum the carpet, aspirar la alfombra) , te llamo para atrás (I call
you back, te vuelvo a llamar) , el rufo del bildin (the roof of the building,
el techo del edificio)...
Un habla que, como comenta con humor Enrique Camacho, el director del Instituto
Cervantes de Nueva York, produce disparates como el decir que el hispano Fernando
Ferrer «está corriendo para la oficina de mayor» (está
compitiendo por el cargo de alcalde), o que tal tienda «delibera groserías»
(«deliver grocery», reparte la compra), o que cual negocio «necesita
mujeres estériles» («need steady women», necesita
empleadas fijas).
Un artículo reciente de The New York Times calificaba el spanglish
como la tercera lengua de Nueva York después del inglés y el
español. Es cierto. Con 1,8 millones de hispanos -un 25% de la población,
según el censo de comienzos de esta década- y varios diarios,
semanarios, emisoras de radio y canales de televisión en castellano,
Nueva York permite al visitante pasarse el día escuchando a gente que
habla la lengua de Cervantes con múltiples acentos latinoamericanos
o en su versión spanglish. El pasado martes, al inaugurar el centro
universitario que lleva su nombre, don Juan Carlos pudo decir con toda razón:
«Nueva York ya es hoy una de las grandes capitales del mundo hispánico».
El mestizaje de inglés y castellano está saltando de la calle
donde nació a la cultura popular. 'Mi padre's infidelity. Are cuernos
genetic?', reza el titular de un artículo de Latina, el «magazine
bilingüe» para jóvenes hispanas publicado en Nueva York.
La revista, de buena calidad, inserta textos en inglés o castellano,
pero no puede resistir la tentación de hacer cócteles lingüísticos
como el citado. O como éstos: «Mi vida en fast forward»,
«When do you need un abogado?» . Escritores como Julia Álvarez
introducen con desparpajo palabras y frases castellanas en sus textos en inglés.
El spanglish tiene sus defensores. «Reflejamos la vida entre dos lenguas
y dos culturas de nuestros lectores», dice Christy Haubegger, editora
de Latina; «el spanglish es una muestra de destreza lingüística»,
afirma Ana Celia Zentella, una profesora universitaria que ha escrito un libro
sobre el bilingüismo en Nueva York. Y también sus detractores.
Roberto González Echevarría, profesor de literatura hispánica
en Yale, se ha visto obligado a precisar en una carta publicada por The New
York Times que el spanglish es «una invasión del español
por el inglés», que «trata al español como si la
lengua de Cervantes, Lorca, García Márquez, Borges y Paz no
tuviera una esencia y una dignidad por sí misma».