Andrés era un extraterrestre corriente, metro y pico, cabeza raspada, ojos rasgados, color plástico normal y manos grandes, 10 ó 12 dedos con los que podía tocar la guitarra española y el guitarrón mejicano sin darse importancia.
Nadie le dijo a Andrés que aquel planeta azulón tan salao en el cual se disponía a aterrizar en misión rutinaria estaría lleno de extraños seres paranoides con pelos.
Andrés aparcó su nave triturbo con asientos rechinables en una ciudad que según su sistema de navegación GiliPiChi vía satélite, era conocida como Bilbao. Hora Nortia- Fecha Tron del Pixidixi; lo que equivalía a las 12h pm del 31 de Diciembre de 1999, hora terráquea. El lugar elegido para el aterrizaje fue el espacio cercano a un vertedero de basura espacial llamado Gugenheim ( o como coño se escriba ).
Andrés, que tenía los cojones más gordos que el caballo de Espartero, (no porque fuera valiente, sino porque era característico de su raza) se encaminó hacia las luces de la urbe en busca de muestras humanas. Enderrepente, todo fue tomado por un ruido ensordecedor, explosiones, silvidos, sirenas.
Andrés se creyó descubierto y se hizo caquita. Se ocultó en un contenedor cuyo pútrido olor le recordó las infectas letrinas del planeta Khol-I-flor.
Concluido el estruendo decidió continuar con su misión un tanto aconejado por lo acontecido.
Nada más llegar a la urbe, cuya iluminación y ornamentación le parecieron más recargadas que y estúpidas que en el planeta Letisaba-3; Andrés en su sigiloso caminar sintió de pronto una mano fría en su hombro, un angustioso escalofrío recorrió su metro y pico de cuerpo. Entonces, aquel ser mucho más alto que él, de aspecto extraño, tambaleante, de nariz roja y vista perdida dijo: ¡Vaya bicho más cachondo!¿Qué pasa tío? Te invito a un lingotazo, ¡Kepa, Unai, Venid, mirad que cachondo!.
Así Andrés fue conducido a una calle abarrotada de humanoides. Seres altos, extraños, unos con tetas y otros no, que se movían caóticamente, se empujaban, reían, gritaban o cantaban cosas raras como sin sentido, alguno de ellos vestía de modo extravagante, y todos entraban y salían de unos oscuros locales portando unos recipientes con líquido que ingerían sin parar para más tarde vomitarse unos contra otros.
El ambiente era infernal, aquella música tan rara, el griterío, el humo. Inexplicablemente, él pasaba desapercibido, nadie reparó en su presencia, nadie reparó en su presencia, incluso fue invitado a beber de aquel líquido que recibía mil nombres y colores, el suyo era Kalim8 o algo asín.
Poco a poco Andrés se fue alejando del cogollo para dirigirse a su ovni. Estaba inquieto, aquel infierno era peor incluso que la sección violenta del sanatorio frenopático-mental del planeta Fructis de Garnier.
Montó en su nave y entre nauseas y una cagalera del horror, apuntó en su cuaderno de navegación:
Planeta Tierra:-Misión abortada.Regreso inmediato-Zona peligrosa-Colonización negativa.
Moraleja:- Si es que estos marcianos no saben beber-.