Como todos los días desde que estaba nuevamente en el paro, estaba echándome la siesta de costumbre después de comer. Medio adormilado oí el timbre del teléfono sonar, esperando que no fuera nadie preguntando por mí.
Cuando oí a mi madre responder 'ahora mismo se pone' supe que me acababan de fastidiar la siesta.
-" Javi, te llaman.... una voz de hombre"
"Joder, quién será..." susurré mientras me levantaba intentando despejarme un poco
Después de unos minutos de conversación acababa de aceptar un trabajo, nada serio, de esos que ofrecen las empresas de trabajo temporal para unos dias.
Me vestí y salí a firmar los papeles del trabajo y a que me presentaran a mi nuevo jefe durante las dos semanas que iba a durar mi trabajo.
El trabajo era de ayudante en una tienda de lámparas, nada excitante, pero ideal para sacarse unas pelillas para el fin de semana.
Una vez hechos los papeles fui a la dirección que me indicaron. Era una tienda no muy grande, de iluminación. Había lamparas por todos lados. Algo muy espectacular.
En cuanto abrí la puerta de la tienda me fijé en una chica que había tras el mostrador. Era preciosa. Rubia, delgadita, pelo largo, dos buenas tetas... Lo malo que parecía demasiado joven, tal vez no fuese ni mayor de edad, quizás demasiado joven para un 'abuelo' de 25 como yo.
Salió a mi encuentro el otro dependiente, un chico de mi edad, que me llevó al despacho del jefe. Hablamos unos minutos y enseguida me puso a colgar lámparas del techo.
No podía apartar la mirada de Gemma, que es como se llamaba la chica rubia. Ella se dio cuenta un par de veces que me pilló mirándola fijamente. Intentaba concentrarme en mi trabajo, pero al darme cuenta que ella también me estaba mirando, me temblaban hasta las manos.
Salió el jefe del despacho y mandó a Gemma que me enseñase en el almacén las herramientas y útiles de embalar para no sé que historias de un pedido. Con una vocecita muy excitante me dijo 'Ven, acompáñame. Es por aquí.'
Caminaba yo detrás de ella, sin quitarle ojo de encima, tratando de memorizar todas y cada una de sus curvas. Llevaba puesto un pantalón vaquero y una camisa ceñida, que dejaba imaginar sin ningún error el volumen de sus senos .
Llegamos a unas estanterías. Ella comenzó a enseñarme los materiales. Estaba a su lado y me estaba poniendo más y más excitado por momentos, deleitándome observando como abultaban sus senos debajo de la camisa.
No oía nada de lo que me decía, solo pensaba en cómo sería el tacto de sus tetas.
Se subió a una escalera a desenrollar una cadena. Ello me permitió tener su culo a unos pocos centímetros de su cara. Al bajar, como buen caballero, la ayudé agarrándola por la cintura hasta que puso los pies en el suelo.
No podía soltar mis manos de su cintura. Sin saber por qué, deslice hacia arriba mis manos por su costado hasta agarrar con fuerza sus dos pechos. Ella, lejos de soltarse y partirme la cara de una bofetada, abrió un poco los brazos para permitirme asir mejor sus carnosos senos. Apenas cabían en mis manos.... eran blandos, tiesos, redondos Instantáneamente mi polla se puso dura como el mástil de una bandera.
Empecé a morderle el cuello y a lamérselo mientras sacaba su camisa del pantalón, para poder meter las manos por debajo de la camisa.
Deslicé las manos debajo del sujetador y proseguí amasando, ahora sin tela de por medio, esas jugosas glándulas mamarias, pellizcando sus pezones, imaginándome el color de las areolas de las tetas que estaba apretando desde hacía minutos.
Empecé a frotar mi polla tiesa en su culo, mientras ella empezaba a gemir en voz baja. Decidí dedicar la mano derecha a explorar los 'bajos' mientras la izquierda debería desdoblarse para 'atender' a ambas tetas.
Introduje mi mano por su ombligo, debajo del vaquero y de las braguitas. Empecé a recorrer su vello púbico hasta que llegué a una zona más caliente y carnosa. Su vulva estaba poco menos que chorreando flujo. Empecé a hacer figuras con mis dedos sobre su vagina, esperando haber localizado con éxito su clítoris.
Estirando el cuello conseguí meter mi lengua en su boca, mientras metía el dedo corazón en su sabrosa vagina. Ella gemía como una gata en celo, mientras a mí me faltaban brazos para meterle mano.
Estaba a punto de desabrocharle los pantalones para intentar clavarle mi estaca, cuando oí a mi espalda el pestillo de la puerta. El jefe nos acababa de pillar en plena faena.
A pesar del shock todavía me duraba la erección. En ese momento acabó mi situación de trabajador y volvía a mi anterior situación de parado.
Fue el trabajo más corto de mi vida, pero lo que más me dolió es que nunca sabré si hubiera podido tirarme a Gemma, aunque me doy por bien pagado con haber podido disfrutar durante unos minutos de los fantásticos senos y del tacto del coño de un monumento como esa chica.
Tal vez un día me decida a ir a esperarla a la salida, a ver si le apetece que le haga, esta vez hasta el final, una 'inspección de bajos'. Ya os contaré.
De momento, voy a cascármela recordando el tacto de esos golosos globetes.