Eileen ( Miren Pinedo)


Sentía su corazón latir con violencia y cómo el calor, que iba apoderándose de ella desde lo más profundo, hacía que, a pesar del espantoso frío de aquella mañana, sus mejillas se tornaran rosáceas. La miraba, a pesar de estar rodeada de la mucha gente que ese día se había acercado al gran mercado que se celebraba cada mes en la ciudad, sabía que aquellos hermosos ojos del color de las mejores maderas de todo occidente la miraban directamente a ella.

Él montado en un gran caballo negro, se había detenido junto a una carreta que, con toda su mercancía esparcida por el suelo, había roto una rueda y obstaculizaba el camino. No sabía qué le había impulsado a bajar al mercado aquella mañana, él no solía hacerlo pues detestaba tales aglomeraciones; prefería dirigirse al campo, donde se sentía libre para hacer lo que quisiera. Pero allí estaba, escudriñando con la vista cómo los mercaderes anunciaban sus productos con grandes gritos, a la vez que señoras y amas de casa toqueteaban todo quejándose de la los altos precios que habían alcanzado ese año las verduras y la lana. Y allí, agazapada en una esquina para protegerse del frío, estaba la bella muchachita que había visto la semana pasada tumbada en un claro del bosque observando las figuras que formaban las nubes al ser acariciadas por el suave viento. Tenía el pelo recogido con una cinta y seguía llevando las mismas prendas raídas y desgastadas de la otra vez, pero él la veía como una de esas hermosas princesas protagonistas aquellos cuentos de niños que con tanta pasión escuchaba en su juventud una noche tras otra mientras pensaba en cuan bella sería la que él iría a rescatar cuando fuese más mayor. No sabía su nombre y sabía que sería imposible, pero él, Jouel de Arlon; hijo primogénito del señor de aquellas tierras, la amaba.

Eileen, con paso lento pero firme, se encaminó decidida en dirección a la carreta accidentada y pasando de largo y con la esperanza de que De Arlon la siguiera, se encaminó fuera de la plaza. Una vez liberada de toda aquella gente que le obstaculizaba continuamente el paso, echó a correr y sin mirar hacia atrás se dirigió al mismo claro donde le vio por primera vez espiándola entre la maleza seguro de que no era descubierto.

Jouel al principio, sumido en cuentos de valientes héroes y hermosas damas, no se dio cuenta de que ella se había ido, desesperado recorrió a caballo y con la mirada todo en derredor y aunque no la encontró entre tanta muchedumbre, sabía a donde había ido; sin pensarlo dos veces espoleó a su caballo.

Se encontraron en aquel sitio donde ambos, guiados por el destino, descubrieron por primera vez el amor. Eileen le esperaba jadeante en el centro mismo del claro, él bajó del caballo y poco a poco, con el corazón saliéndosele del pecho de tan rápido como latía, fue acercándose a ella mientras le recorría con la mirada; admirando su pelo ahora suelto, sus ojos, sus mejillas completamente coloradas del tono más bonito que jamás había visto; pasmando ante la más bella obra de Dios.. Cuando se encontraron él la besó a ella y ella le besó a él; se fundieron el uno en el otro mediante caricias y susurros, ya no sentían el intenso frío; el invierno se convirtió en verano por un momento.

Todas las tardes Eileen buscaba tiempo libre entre sus quehaceres para ver a su amado y Jouel ponía alguna excusa para que sus misteriosas salidas no levantaran sospechas. Lo suyo estaba prohibido, ambos lo sabían, pero todas las tardes el mundo desaparecía y solo quedaba el pequeño paraíso que ambos habían creado en el centro de aquel frondoso bosque. Luchaban por la más importante de las causas, intentando abrirse camino entre lo establecido por quienes les precedieron y por quienes pretendían gobernar sus vidas.

Un día ella dejó de ir, el mundo la arrastró; un día dos almas dejaron la tierra, dos corazones murieron. Él abandonó; expuesta a la corriente, la llama, que hasta entonces ardía con la más brillante de las luces, se apagó en mitad de un bosque; en un claro donde, junto a un cuerpo, yacía una nota en la que un héroe enamorado declaraba amor eterno a la más hermosa princesa que jamás llegó a protagonizar un cuento.



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